Volvamos a poner de moda la caballerosidad

Volvamos a poner de moda la caballerosidad

 

Hay cosas que nunca deberían pasar de moda.

 

Una flor entregada sin motivo. Una puerta que alguien sostiene. Una persona que pregunta si llegaste bien. Una invitación preparada con ilusión. Un mensaje para desearte un buen día. Una mirada atenta. Un pequeño detalle elegido pensando en ti.

 

Quizás vivimos demasiado rápido y hemos olvidado el valor de los gestos lentos.

 

En una época donde todo parece inmediato, donde un mensaje puede reemplazar una conversación y donde muchas veces confundimos interés con cantidad de palabras, recuperar la caballerosidad podría ser una hermosa manera de volver a mirarnos con atención.

 

Ser delicados no significa ser débiles. Recibir flores no significa necesitar que alguien nos rescate. Permitir que un hombre tenga un gesto caballeroso con una mujer no significa renunciar a nuestra independencia.

 

Por el contrario: una mujer puede ser absolutamente independiente y, al mismo tiempo, disfrutar de que la cortejen, de recibir una flor, de ser invitada a cenar o de descubrir que alguien pensó en ella antes de verla.

 

Quizás nuestras madres y abuelas conocieron más de cerca ese lenguaje de los detalles. Un ramo de flores, una carta, una invitación, una visita, una pequeña atención. No necesariamente porque todo fuera perfecto en aquellos tiempos, sino porque existía una cierta ceremonia alrededor del encuentro.

 

Y la ceremonia tiene algo hermoso: nos recuerda que el otro merece nuestro tiempo.

 

Desde la mirada de QUINDI REGINA, mi primera obra, creo profundamente en una mujer que conoce su valor y no necesita endurecerse para demostrarlo. Una mujer puede gobernarse a sí misma y, al mismo tiempo, permitirse ser cuidada, admirada y conquistada.

 

Porque una cosa es necesitar que alguien nos complete y otra muy diferente es disfrutar de que alguien quiera sumar belleza a nuestra vida.

 

También los hombres pueden recuperar el placer de ser caballeros. No como una obligación ni como una actuación, sino como una expresión genuina de interés: escuchar, acompañar, respetar, tener iniciativa, recordar aquello que nos gusta y sorprendernos con un detalle.

 

Y nosotras también podemos poner de moda algo que parecía olvidado: recibir.

 

Recibir sin culpa. Agradecer sin sospechar. Dejar que alguien nos abra la puerta. Aceptar una flor. Vestirnos bonitas porque queremos. Disfrutar de una cena preparada especialmente para nosotras. Dejar que el amor tenga un poco de poesía.

 

Tal vez no necesitamos regresar al pasado.

 

Podemos rescatar de él aquello que todavía tiene belleza.

 

Que vuelvan las flores.

Que vuelvan las cartas.

Que vuelvan los detalles.

Que vuelva la delicadeza.

 

Y que vuelva la caballerosidad, no porque las mujeres necesitemos ser salvadas, sino porque qué hermoso es sentir que alguien tuvo ganas de cuidarnos un poquito.

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