El yeso invisible y el derecho que me asiste

El yeso invisible y el derecho que me asiste

Hay momentos en la vida en los que creemos que la libertad llega haciendo ruido. Sin embargo, muchas veces llega en silencio.

Quiero compartir una metáfora que nació casi sin darme cuenta.

Imaginen que durante mucho tiempo llevaron un yeso. Al principio molesta, pesa, pica, incomoda. Uno quiere sacárselo porque limita los movimientos. Pero también cumple una función: sostiene aquello que todavía está sanando.

Con el tiempo nos acostumbramos a vivir con ese yeso. Incluso dejamos de imaginar cómo era movernos sin él.

Hasta que un día llega el momento de quitarlo.

Y ocurre algo inesperado.

No sabemos muy bien qué hacer.

El brazo está libre, pero también inseguro. Hay que volver a aprender movimientos simples. Descubrir qué duele, qué ya no duele, qué nos gusta hacer y hacia dónde queremos ir.

Creo que muchas personas vivimos así después de cerrar una etapa importante de nuestra vida.

No porque estemos rotas.

Simplemente porque estamos reaprendiendo quiénes somos.

Hoy disfruto cosas pequeñas que antes parecían insignificantes: elegir dónde comer, decidir un viaje espontáneo, caminar sin pedir permiso, cambiar de opinión, decir “hoy no quiero” o “hoy sí quiero”.

Y cada una de esas decisiones me recuerda el derecho que me asiste: el derecho a construir mi propia vida.

A veces creemos que el amor propio consiste en sentirse fuerte todo el tiempo.

No es así.

El amor propio también consiste en aceptar que todavía estamos descubriendo quiénes somos sin ese yeso invisible que durante años sostuvo nuestra historia.

En mi libro QUINDI REGINA hablo justamente de ese camino. No del camino hacia la perfección, sino hacia el encuentro con una misma. Porque ninguna reina nace sabiendo gobernar su reino. Primero aprende a conocerse.

Si sos adolescente, quizás todavía no cargaste un yeso tan pesado como el de otras personas. O tal vez sí. Todos vivimos heridas distintas.

Lo importante es recordar que sanar no significa volver a ser quien eras antes.

Sanar significa convertirte en alguien nuevo, con más conciencia, más libertad y más amor hacia vos mismo.

No tengas miedo de descubrir qué te gusta, qué soñás o qué camino querés recorrer.

Porque la libertad puede dar un poco de vértigo al principio.

Pero también es el lugar donde, por fin, empezamos a caminar con nuestros propios pasos.

Y ese, sin dudas, es el derecho que nos asiste. 🌿

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