Un sueño que cruzó fronteras

 

Hay recuerdos que el tiempo no borra, porque permanecen vivos en el corazón. Ser una de las primeras Princesas de Perumira Magazine representa para mí uno de esos momentos inolvidables que marcaron un antes y un después en mi vida. Fue el comienzo de un camino lleno de aprendizajes, desafíos y enormes satisfacciones que me permitieron crecer no solo como reina, sino también como artista y como mujer.

Como argentina, fue un inmenso honor representar a mi país y ver cómo mi talento lograba atravesar fronteras. Gracias a mis raíces italianas tuve la maravillosa oportunidad de alcanzar la instancia internacional en el certamen europeo, una experiencia que siempre llevaré conmigo donde he sido bautizada “La Musa y Alma en Cada Reina” . En medio de una pandemia que cambió al mundo entero, tuve el privilegio de cantar en mi lengua materna. Fue un momento profundamente emotivo, porque a través de la música pude unir dos tierras que forman parte de mi identidad y transmitir esperanza cuando más se necesitaba.

Hoy miro hacia atrás con el corazón lleno de gratitud. Cada paso recorrido ha sido posible gracias al cariño de tantas personas que creyeron en mí: mi familia, mis amistades y todos aquellos que me alentaron a no renunciar jamás a mis sueños. Ellos fueron el impulso necesario para seguir adelante incluso en los momentos más difíciles.

Quiero expresar un agradecimiento muy especial a mi mentor, coach y director, Jaime William Mostacero Baca “El Caballero de las Reinas de Belleza” . Desde mis primeros pasos en el mundo de los certámenes ha sido una guía constante, una persona que confió en mi potencial y me acompañó con generosidad y compromiso. A lo largo de estos años hemos construido una relación basada en valores que considero fundamentales: el respeto mutuo, la lealtad, la confianza y, por encima de todo, una amistad incondicional que atesoro profundamente.

Ser Miss Global Talent International es una inmensa bendición y, al mismo tiempo, un reconocimiento que valora el trabajo realizado con dedicación dentro de una disciplina que brinda voz, oportunidades y propósito a sus reinas. Este título representa mucho más que una corona: simboliza el compromiso de inspirar, servir y demostrar que el talento, cuando nace del corazón, puede transformar vidas.

Finalmente, doy gracias a Dios por cada una de las bendiciones recibidas. Él ha guiado mis pasos, ha fortalecido mi fe y me ha permitido vivir experiencias que jamás imaginé. Con humildad, alegría y esperanza continúo este camino, convencida de que los sueños se alcanzan cuando se camina con amor, perseverancia y gratitud.

Con amor.

Liz 💙

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